IRINA, por Susana Arraigada - Desde España
A veces la historia es como un escorpión que se pincha su propio cuerpo. Una no sabe donde empieza ni donde termina ni cual es el límite. Aunque en algunos casos empiece una por donde empiece, es igualmente divertida.
Y nada mejor como ejemplo que el famoso caso de aquella Princesita Rusa, que por no aburrirse, se lo pasaba recibiendo gente y atendiéndola de primera.
Resumamos. Aprovechando la templada noche moscovita de solo 20º bajo cero, Irina Rapidóvna, la princesita inconsolable, se encontraba “ñaca-ñaca” en el balcón, con su festejante Igorilévich Nabokov.
Precisamente este último, celoso hasta el caracúvich, irrumpió blandiendo una filosa cimitarra, recuerdo de su viaje por Turkestán.
Su intempestiva aparición al grito de. ¡¡¡Os cortaré el pitovich…, so-viético…!!!, obligó al empeñoso Igorilévich Nabokov a abandonar su acto dejándolo interruptus.
Y al pretender montar su brioso alazán Invictus, que lo aguardaba pastoreando hierba congelada al pie del balcón, quiso la mala fortuna que lo perforara por popa, rompiéndole el nombre.
¡¡¡Ay de mí…, se lamentó para sus brutos adentros el noble bruto,- Y yo que me creía el gran padrillóvich de Volgogrado…!!!!
Mientras el equino marchaba a galope tendido, herido en el honor y el trasero, Igorilóvich Nabokob pensaba:
“…Esto es una experiencia nueva, jamás había probado la brochette de caballóvich…”
Mientras tanto, el Príncipe Kornovich blandía su cimitarra tratando de darles alcance en la árida estepa…, corcel, jinete y perseguidor devoraban leguas y leguas…, (que es lo único que se puede devorar en la estepa, donde ni pastito crece…).
Igorilévich Nabokov pensaba en la voluptuosa Irina, (ya que si se desconcentraba corría el riesgo de zafarse de su rara montura), y eso podía significarle la muerte a manos del celoso Príncipe Kornóvich.
A todo esto, en su balcón de dos plazas, Irina Rapidóvna, experimentaba un gran vacío interior por los desdichados sucesos que se habían desencadenado minutos atrás.
Pero atrás, para su fortuna, se asomaba Fedor Troncóvich, uno de sus pajes; famoso en toda la corte por ciertas dimensiones de su anatomía.
Y mientras en algún lugar de la estepa, Nabokov era perseguido por Kornóvich, y el bueno de Invictus comenzaba a tomarle el gustito a la cosa, Irina era consolada por su paje.
Por eso esto, que es literatura rusa, pura y dura (por el frío) y de la buena, nos enseña que perseguir a una doncella ligera de cascos, es una “historia de nunca acabar”…
Susana Arraigada
Comentarios
-
akJQRiNYtmKoewihbj [23/7/2010 09:36:14]
GvZ2yQ <a href="http://qvyauifbjidf.com/">qvyauifbjidf</a>, [url=http://quulnazxldsz.com/]quulnazxldsz[/url], [link=http://yvcrfgxyyafn.com/]yvcrfgxyyafn[/link], http://fzphngabuoji.com/
Escribir un comentario
Este foro ha sido abierto para el intercambio de opiniones de nuestros lectores. Por favor les pedimos se abstengan de insultar, agredir o cualquier forma de expresión descalificatoria hacia otra persona.
Muchas Gracias cbaalternativa contenidos.






